La Confederación General del Trabajo protagonizó una multitudinaria movilización hacia la Plaza de Mayo en la antesala del Día del Trabajador, en una jornada marcada por fuertes críticas al gobierno de Javier Milei y señales de un posible endurecimiento del conflicto sindical.

Aunque no hubo anuncio formal de paro general, el mensaje fue contundente: la central obrera advirtió que podría “profundizar los conflictos” si no hay cambios en el rumbo económico.

Un acto con tono confrontativo

Durante el acto central, distintos dirigentes de la CGT cuestionaron las políticas económicas del Ejecutivo y alertaron sobre el deterioro de las condiciones sociales.

Uno de los discursos más duros fue el del cosecretario general Octavio Argüello, quien afirmó que “no se soporta más el ajuste” y dejó entrever que el sindicalismo está dispuesto a avanzar con nuevas medidas de fuerza.

En la misma línea, referentes como Pablo Moyano respaldaron la posibilidad de convocar a un paro general, en un contexto de creciente malestar entre trabajadores y gremios.

Reclamos, internas y presión sindical

La movilización también expuso tensiones internas dentro del movimiento obrero. Algunos sectores reclaman una respuesta más inmediata frente al Gobierno, mientras que otros sostienen una estrategia gradual.

Desde la conducción cegetista buscaron justificar esa postura y recordaron que ya se realizaron medidas de fuerza en los primeros meses de gestión. “Primero la marcha, después se evaluarán los pasos a seguir”, señalaron desde el entorno de la central.

El trasfondo: economía y reforma laboral

La protesta se da en medio de un escenario complejo, atravesado por la discusión sobre la reforma laboral y una serie de fallos judiciales adversos para los gremios.

Además, los dirigentes sindicales cuestionaron los indicadores oficiales sobre pobreza y actividad económica, poniendo en duda la recuperación que plantea el Gobierno.

¿Se viene un nuevo paro general?

Aunque no hubo definiciones concretas, la posibilidad de un nuevo paro general quedó latente. De concretarse, sería el quinto desde la asunción de Javier Milei, lo que reflejaría un nivel de conflictividad creciente.

La jornada también contó con la participación de organizaciones sociales como la UTEP y sectores del peronismo, mientras que otros espacios sindicales optaron por no sumarse y realizar actividades propias.

Un mensaje político en la calle

Más allá de las definiciones inmediatas, la movilización en Plaza de Mayo funcionó como una demostración de fuerza del sindicalismo argentino y como una señal clara hacia el Gobierno: el conflicto social sigue abierto y podría escalar en las próximas semanas.